En Sierras Chicas, se formó el Acompañamiento Violeta, una agrupación que ayuda, acompaña y contiene a las mujeres que sufren violencia de género.
Se trata de un grupo de mujeres, capacitadas con la diplomatura del Ministerio de La Mujer en Violencia de Género, que ayudan a otras, a transitar una compleja situación de las distintas violencias que pueden estar atravesando.

Liliana, es una de ellas, quien hace varios años comenzó a contenerlas y acompañarlas en un difícil proceso, con distintas historias detrás, pero con un denominador común: la violencia.
Lo que ella en su momento llamaba “solidaridad” o empatía, o lleva el nombre de Acompañamiento Violeta del corredor. Una red de sororidad y de pura voluntad.
En una entrevista con nuestro medio, comentó cómo empezó este camino: “Básicamente tiene que ver con mi sensibilidad, una vecina, con un niñe, pero como ayudante comunitaria fue a raíz de mi experiencia con la violencia”.
“Me paso hace 15 años atrás, estaba muy sola y vi una realidad”. Y continuó: “cuando busqué ayuda me dijeron que no tenían presupuesto o, cuando fui a hacer la denuncia me dijeron `que quiere una consigna policial en la puerta`”, de forma irónica, “y eso hizo un clic en mi cabeza”.
A partir de ese momento, decidió: “voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ayudar a una mujer que esté en esa situación”.
Cuando una mujer atraviesa estos momentos, Liliana comentó que “el primer freno con los que una se enfrenta en estos casos es a dónde voy, o cómo sobrevivo, cuando hay problemas de violencia económica”.
“Cuando se ejerce violencia, nunca es una sola. Lamentablemente hay un caminito que empieza con el `no te juntes con tus amigos´” o buscan aislarte de la familia, porque al encontrarte “sola, puede manejarte, controlarte, al punto de una despersonalizarse”.
En ese momento cuando sufrió violencia, narró, no había celulares, “estaba totalmente aislada de la sociedad”. “Ahora existen las redes y los celulares pero sabemos que nos controlan por ahí. La violencia tiene ese camino”.
Sin embargo, salir de esa situación no es un proceso fácil y sencillo. “No es como dicen que uno se queda porque le gusta que le peguen, en algunos casos no pueden entender la problemática”. 
“A nadie le gusta que lo maltraten, que lo desprecien, que lo desvaloricen. A nadie. Pasa que uno no encuentra la salida porque está en el medio de esa situación y no saben por dónde empezar”.
Como bien narraba, por lo general y principalmente, las mujeres se encuentran con “todos los nexos cortados”, y agregó que “si hubiera alguien de afuera que te quiere tender una mano, es saber que es un antes y un después, que ya no hay vuelta atrás, que es cuando el agresor se pone más violento».
“A mí me pasó. Cuando denuncié y se estableció la perimetral se me aparecía lo mismo”. Pero “ya no están solas”.
Con la llegada de la pandemia, se sabe que los hechos de violencia en contra de las mujeres aumentaron y, las llamadas a las instituciones públicas crecieron, tanto para denuncias como para consultas.
Ante esto, Liliana expresó que muchas de ellas “tenían que convivir con su agresor en un mismo lugar”, a partir de que no se podía salir a trabajar. “Era estar todo el tiempo con una persona que la hostiga, que la violenta o que le pega, de distintas maneras”.
“Cuando empezó la pandemia eran más mujeres muertas por violencia que por el coronavirus. Eran más femicidios”.
En relación al compromiso social que asumieron simplemente con la voluntad de ayudar, Lili expresó: “Nosotras acompañamos, pero no siempre resulta como quisiéramos. Hay personas que no pueden tomar dimensión”.
A la vez que dijo: “Es muy difícil recordar cómo eras una antes, después de sufrir violencia, volver a fortalecer el autoestima, el poder de decisión”.
“Cuando acompañamos en violencia lo primero que preguntamos es cómo quieren que la ayudemos, cómo creen que podemos ayudar para que retomen el poder de decir y decidir”, expresó.
Sin embargo, las decisiones están atravesadas por diversas situaciones: “A veces no quieren denunciar porque tienen mucho miedo, porque es natural que tengan miedo, porque después de la denuncia es una situación muy compleja”.
Existen otros casos, en el que la persona aviolentada, ya había sufrido violencia dentro de su núcleo familiar: golpes, violencia verbal y hasta incluso abusos.
“Hay un aparato violento detrás de esta violencia, guardado en silencio, y de familiares que saben. También entiendo que no sepan cómo decirlo, que tenga miedo, total el tiempo va a sanar eso y no es así. Y es algo que se quebró, se rompió” y debe volver a reconstruirse, detalló.
Desde Acompañantes Violetas, dice Lili, la mirada está puesta en “ver de qué manera contenemos a las mujeres” en cada caso particular y, “ponernos en resguardo nosotras”, en relación a que en ciertas circunstancias también recibieron amedrentamiento por parte del agresor .
Pero, “Ahí estamos nosotras para acompañar, para tratar de sostener, para que no sientan que se tienen que echar atrás, que es la parte más triste”.
En Acompañamiento Violeta, contó Lili, hay profesionales y “nos estamos acompañando entre nosotras para poder acompañar a otras mujeres y, estamos viendo cómo articulamos este tipo de ayuda. A veces con una palabra”.
Ante esto, también resaltó que “La parte legal es una de las parte más importantes. Ya sabemos que si hay una denuncia y se cajonea no llegamos a ningún lado. Que cada seis meses hay que reanudarla”.
Y continuó: “Vamos viendo cómo lo resolvemos, o cómo acompañamos a resolverlo, porque nosotras no somos el Estado y no podemos estar por encima de eso”.
Es importante señalar que solo cuentan con lo más valioso: el “recurso humano, la voluntad”, ya que todo lo que realizan es a pulmón.
“Sé que de la nada, aunque no siempre, se puede salir. La mujer tiene una naturaleza maravillosa, formada de una fuerza increíble y tenemos que apostar a cambiar para que no sea un sacrificio convivir con alguien, sino que tenga que ver con el goce. Ya no importa con quien, si es con uno, con una o con une”.
Bajo la consigna “No estás sola”, Lili la refuerza y apuesta: “no estamos más solas. Esa es la bandera, la manito violeta. No quiere decir que no se va a terminar la violencia, pero no la vamos a atravesar más solas. Nuestras redes, nuestras pares, son las que elegimos. Ahora podemos elegir a quién contarle, con quién compartir o en qué hombro llorar”.
En cuanto a las instituciones, desde su mirada y experiencia expresó: “tiene que estar más aceitado el tema de un refugio” para que la mujer pueda salir de su casa y, “tener una bolsa de trabajo”.
“No podemos depender solamente del Polo de la Mujer que está desbordado de situaciones. Necesitamos tener eso en todo el corredor”. Y agregó: «El estado tiene que ser responsable y actuar con la inmediatez que se necesita, sino nos matan”.
Si estás en situación de violencia, comunicate.
Acompañamiento Violeta Sierras Chicas: 3543-512638
Línea Provincial 0800-888-9898 – Polo de la Mujer 0351-428-8700 – Policía de Córdoba 101






















