Se trata de un proyecto sustentable ambiental, social y económico que tras acciones comunitarias dejó más de 200 kilos de alimentos destinados a seis comedores sociales de la ciudad de Unquillo.
En el marco de la pandemia, suceden buenas cosas y acciones que aportan sus recursos para colaborar, en este caso con comedores, con las necesidades sobre todo de alimentación que trajo la emergencia sanitaria.

Se sabe, que son numerosos los pedidos de este tipo de establecimientos que se dedican a brindar un plato de comida a distintos sectores sociales, de donaciones para llegar a cubrir las necesidades.
Sebastián García, es un vecino de Unquillo que en conjunto con otras personas de la ciudad, decidieron llevar adelante el Proyecto Hormiga: “somos hormigas que hablan”.
Se trata de un proyecto que trabaja y le da tratamiento a los residuos de poda, los cuales anteriormente eran desechados, elaborando finalmente un recurso natural, una devolución a la naturaleza misma formando una actividad económica,pero también un recurso ambiental y social.
Este trabajo, en términos generales, produce sobre los residuos verdes chip y abono orgánico de manera acelerada y, generando un impacto económico, ambiental y social, de manera sustentable.
Pero además, tiene este proyecto una visión comunitaria: “Es parte de la visión del proyecto,poder generar economías alternativas, trueques, intercambios, revalorizaciones, poder diversificar nuestro proyecto también que no solamente es tener sustrato sino que de pronto esto, tener alimentos”, explicó Sebastián.
Esta declaración hace hincapié a la entrega de 250 kilos de verdura para los comedores de Unquillo: “En esa búsqueda apareció un productor del cinturón verde de Córdoba, de Colonia Tirolesa, nos hacía un pedido y estaba limitado porque su economía es de un productor chico”, contó.
Ante esto, “le propusimos hacer un trueque directo: cinco metros de chip y uno de bocashi (abono orgánico) y eso lo intercambiamos por más de 250 kilos de alimentos”. Para hacerlo posible, comentó que la Municipalidad fue quien puso el camión para la entrega.
Un trabajo articulado y necesario para poder llevar adelante estas acciones.
“Realmente para nosotros como Cooperativa, haber concretado este canje, en este contexto social, de pandemia mundial, haber concretado la transformación de un residuo que pasará a ser alimentos para los comedores de Unquillo es muy emocionante. Esa concreción ha sido todo un logro”, expresó Sebastián emocionado.
Siguiendo esta línea de acción, el vecino y miembro de la Cooperativa Proyecto Hormiga, adelantó que en esto de activar economías circulares, “cerramos trato, que se va a concretar la semana que viene con un productor de árboles nativos”.
Otro impacto social y ambiental: “vamos a hacer un trueque directo: 6 metros de chip por 3 mil árboles nativos”. Ante esto agregó que se está llevando un trabajo articulado con la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de Unquillo “para ver cuál es mejor destino para estos árboles y dónde serán colocados”.
“Es tremendamente necesario”, anticipó Sebastian. “Nosotros como cooperativa tenemos una visión: el único planeta que hay hasta hoy el ser humano puede desarrollar su vida, es éste. Si no lo cuidamos entre todos”.
Además también puntualizó que “este no es un trabajo para nosotros del hoy,, sino que va más allá, va a para nuestros hijos, nuestros nietos. Es muy necesario hacernos cargo y revertir esta situación”.
Toda una historia para entender
Llevaron adelante un proyecto compuesto por vecinos con distintos conocimientos: agronomía, construcción, agricultura, entre otros, que tras darse cuenta que la poda, no era un tema menor: “ingresan 120 metros cúbicos de material por dia”. Lo cual era anteriormente desechado.
Sin embargo, podía ser fuente para diversos beneficios: “Elaboramos un proyecto de alto impacto, de sustentabilidad social, ambiental y económica circular”.
¿De qué se trata?
“Reducimos el tiempo de descomposición de materia orgánica a través del chipiado, estamos reduciendo por los menos 2 años de tiempo de descomposición de una materia: un tronco de 5 o 10 centímetros le va a llevar tres años descomponerse, solamente al chipiarlo en un año va a estar totalmente compostado”.
Pero hay más: después ese chip se convierte en abono bocashi: “nosotros estamos bajando un tiempo estimado de un año, a un producto terminado en 60 días”.
“El tiempo de aceleración de esa transformación es tremenda. Y si lo producimos en ese tiempo significa mano de obra, económicamente es muy fructífero”.
Impactos
Ambiental: Transformar la poda en un recurso que es un recurso regenerador de suelo y capta G02, “osea que ya estamos haciendo un tremendo aporte al planeta, tan castigado. De esta manera se le devuelve a la naturaleza su propio recurso.
Económico: “estamos creando una actividad la cual se va a sustentar en una cooperativa de trabajo, sueldos”.
Pero además elaboraron un convenio entre el Proyecto Hormiga y el municipio: “el 50% de la utilidad está destinado a la Cooperativa y el otro 50% va a destinado a un fondo de reinversion para proyectos de triple impacto”.
Se trata de un trabajo entre el municipio de Unquillo, centros vecinales, organizaciones sociales y, el Proyecto Hormiga en el cual “formen parte de una mesa de trabajo en la cual decidamos a donde vayan estos fondos”.
Social: los productos no sólo son vendidos a viveros, sino que son entregados a huerteros familiares y comunitarios.
Articulación público y privado
“Golpeamos muchas puertas y se abrió una puerta de la mano del Municipio”, quienes pusieron diferentes recursos e insumos como la chipeadora y permitieron el acceso a la planta de tratamiento.
“Esto de que el municipio nos haya abierto las puertas es muy valorable, poder articular el trabajo del municipio con un grupo de vecinos básicamente, preocupados por la problemática”. Frente a esto Sebastian agregó: “llevamos un proyecto y el municipio nos ha apoyado y así lo hemos podido concretar, con esfuerzos mutuos”.






















